Historia

La RAE define al portero o portera como la "persona que, en las casas de vecinos, tiene a su cargo el guardar, cerrar y abrir el portal y vigilar la entrada y salida de personas, limpiar la entrada, escalera, etc." Definición que también es válida para su sinónimo, conserje, si bién a la práctica éste se aplica más a los contratados que hacen los mismos trabajos pero con una jornada laboral más regulada y que no viven en la misma finca.

El oficio nace, o al menos se generaliza, hacia finales del siglo XIX cuando prolifera la construcción de bloques de pisos con un buen número de viviendas en la misma finca (en Barcelona, crecimiento del ensanche). Durante mucho tiempo ha sido un servicio en general prestado por mujeres y de aquí nace el peyorativo de "portera" que tantas veces hemos oído, basado en lo que era su trabajo principal: la observación y vigilancia de toda aquella persona que se moviera por la finca, así como pasar la información a quién pudiera interesar, es decir, estar al corriente de todo lo que pasaba a su entorno.

Y no había mejor manera de realizar los trabajos de vigilancia y limpieza que viviendo en la misma finca en la cual trabajaban y por eso las comunidades habilitaban un espacio "vivienda" minúscula y con servicios muy limitados, generalmente situado en planta baja o en la última planta del edificio, es decir, en aquellos espacios secundarios que no tenían ningún interés como vivienda. Vivir en el mismo edificio significaba estar de servicio las 24 horas del día.

En la actualidad ya no son sólo mujeres las que trabajan en esta profesión, son también muchos los hombres que se han integrado a este trabajo. En cuanto a la vivienda todavía están activos muchos de estos espacios en ocasiones reformados, si bien en otras comunidades no se observa ninguna intención de reforma, probablemente a la espera de la jubilación de la persona que se ocupa de estas tareas con el fin de liquidar la plaza y dar una otra utilidad a ese espacio.

La profesión empieza a tener cuerpo legal a principios del s-XX cuando por cuestiones de seguridad ciudadana un "Real Decreto" obliga a las comunidades de fincas urbanas a tener un portero que dentro de su ámbito de trabajo adquiere funciones de agente de la autoridad.

El primer paso en el reconocimiento de su relación laboral respecto a sus contratantes se da durante la II República que los agrupa dentro del servicio doméstico. Hasta el 1971 no llegará la normativa que les regulariza y consolida como profesión.  La publicación de la "Ordenanza Nacional de Trabajo para Empleados de Fincas Urbanas" pone orden respecto a las normativas de ámbito provincial que se habían ido desarrollando. Finalmente el 1983 se firma el primer convenio colectivo del sector.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La foto de arriba, porteria de Roger de Llúria 82 de Barcelona por la década de 1920

abajo, portada de la "Ordenanza de Trabajo de Empleados de Fincas Urbanas" de 1974

  • w-facebook
  • Twitter Clean